Diseñador gráfico en Granada y Málaga
Por qué no hay que presentar varias opciones en un diseño

Si eres un profesional del diseño gráfico habrás vivido la situación en la que un cliente te pide varias opciones para tener dónde elegir. Es lógico, le preocupa conseguir una imagen persuasiva para su marca, un diseño que comunique bien o una interfaz de usuario que sea intuitiva y navegable, va a realizar una inversión importante y quiere asegurarse de que el resultado responde a sus expectativas. Pero escoger la mejor opción es nuestro trabajo y debemos afrontarlo.

En otras ocasiones parte del propio diseñador la iniciativa de presentar varias propuestas. Lo ha visto en otros profesionales del sector como una práctica extendida, tal vez porque presentando varias opciones bien diferentes se asegura de que el cliente escoja según su gusto y criterio personal, y así cuenta a priori con su satisfacción final.

Si el cliente acude a ti para que soluciones un problema de diseño, sabiendo que eres tú quien tiene el conocimiento de la materia y la experiencia en la profesión, ¿por qué dejar que la decisión crítica la tome él, siendo alguien ajeno al oficio del diseño? 

El diseño gráfico consiste, en esencia, en buscar una solución visual para resolver un problema. Cabe preguntarnos si al presentar diferentes alternativas se soluciona dicho problema. La respuesta clara es que no. Al hacer varias propuestas simplemente estamos ampliando el abanico de posibilidades y reduciendo el riesgo de rechazo, pero no solucionamos nada.

El trabajo de un experto en diseño es tomar decisiones de diseño

Presentar una propuesta única no significa quedarse con la primera idea; en las primeras fases del trabajo se generan muchas ideas, se filtran y desechan, se generan nuevas, se descartan nuevamente y así en múltiples iteraciones, hasta obtener el boceto adecuado, el que se desarrolla y perfecciona en siguientes fases del diseño.

Nuestra responsabilidad como profesionales del diseño gráfico es la de tomar decisiones de diseño para llegar a la mejor solución. Estas decisiones se tomarán durante nuestro proceso de diseño y en base a un criterio cualificado y profesional. Seguimos un sistema definido y depurado, fruto del conocimiento y la experiencia. Apliquemos la lógica: si pusiéramos ese sistema en práctica varias veces para obtener diferentes soluciones al final las distintas opciones se parecerían mucho entre ellas.

En el diseño gráfico, como en la vida, calidad antes que cantidad

Cuando un diseñador experimentado sigue un procedimiento específico sabe el tiempo que va a invertir en cada fase. Estos tiempos, entre otras cosas, influyen en el coste del proyecto. Es razonable pensar que todo profesional optimiza sus procesos para que el producto de su trabajo sea rentable económicamente para todas las partes.

Si en el mismo tiempo el diseñador ha de pulir, desarrollar, testear y crear aplicaciones sobre varios de los bocetos generados en la primera fase, inevitablemente tendrá que dividir el tiempo disponible entre todas las propuestas, haciendo que la dedicación empleada a cada una de ellas se disemine y obteniendo resultados menos óptimos de lo deseable.

Hay otros problemas asociados al presentar varias propuestas. A saber:

El cliente, salvo que sea un experto en diseño gráfico, decide en base a un gusto personal, que puede no coincidir con una evaluación técnica a nivel visual, comunicativo o de mercado. Por experiencia sabemos que se suele elegir una de las opciones menos válidas para solucionar el problema o directamente la menos buena. 

Un profesional no elude la responsabilidad de buscar la solución definitiva

A menudo nos hemos topado con un caso aún peor: que la decisión signifique crear un “Frankenstein” de varias propuestas, eligiendo soluciones particulares de cada una. Por ejemplo, unir el color de la primera, con la tipografía de la segunda y la composición de la tercera.

Si nosotros sabemos cuál es la mejor solución debemos demostrar confianza en nuestro trabajo. Somos nosotros los profesionales. El cliente ha confiado en nuestra experiencia y en nuestra misión está incluida la labor de tomar decisiones de diseño gráfico por él y no situarlo en el compromiso de escoger su diseño y asumir el riesgo de equivocarse. ¿Consideraríamos oportuno que un abogado traslade a su cliente la decisión de presentar una demanda u otra? ¿O que un médico sugiera tres posibles tratamientos y el paciente escoja según su criterio personal?

El diseñador también debe ser capaz de transmitirle al cliente todos los porqués, los pormenores y detalles de esa solución, así como el trabajo previo que hay de fondo y el recorrido que tiene por delante. De esta forma el cliente la entenderá en su totalidad, entenderá su funcionamiento, de dónde viene y hasta dónde le permitirá llegar esta propuesta, dejando poco espacio a la arbitrariedad y la duda.

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