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Cómo pensar una ilustración antes de coger un lápiz

Hablando con mi hijo sobre cómo se le ocurren a él las ideas para dibujar, llegué a la clave de lo que yo misma hago: activar el ‘run run’ de la cabeza.

Evidentemente es como él lo llama porque yo le suelo decir cuando se va a la cama: “Dani deja el run run de la cabeza”. Se puede describir como rumiar indefinidamente en búsqueda de algo.

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Este ‘run run’ es como un brainstorming del sistema sináptico, un proceso creativo que no es un método de pensamiento al uso sino que se centra en encontrar ese punto de ensimismamiento en el que tu cerebro se dedica a leer la aglomeración de páginas de tu cabeza a una velocidad vertiginosa hasta que algo te llama la atención.

Imaginaos que trasladamos este proceso a un entorno más funcional, tanto enfocado a proyectos personales como al día a día en la agencia. ¿Cómo lo traducimos? Evidentemente no puedo tumbarme boca arriba en el sofá de la entrada de la agencia, mirar a un punto fijo y ponerme como Neo antes del famoso “Ya se Kung Fu”. ¡Sería magia! Todo es más estructurado. 

El briefing

Cuando se presenta un nuevo proyecto de diseño o ilustración en Squembri lo primero que hago es estudiarme el briefing y nada más terminar se activa el mecanismo del ‘run run’. Lejos de ser estresante, es algo natural ya que una cosa que tenemos en común las personas que nos dedicamos a esto es que no podemos apagar la cabeza pero, ¿cuál es la clave para navegar con buen rumbo por las ideas? La mía es hablar con el cliente, compañeros y con la gente con la que convivo haciéndoles partícipes indirectos del proyecto.

El porqué utilizo este proceso es sencillo: si tienes la información por escrito puedes ponerte en marcha e ir marcando un ritmo y un camino medio claros. Salvando las distancia es como ir al psicólogo, no te da soluciones directamente pero te hace llegar a ellas, por lo tanto la clave está en reunir y sintetizar la información.

Activadores del ‘run run’

Volvamos al sistema sináptico y a lo que sucede ahí dentro: en tu cerebro tienen lugar miles de conexiones a una velocidad de espanto y todas ellas son respuestas a los diversos estímulos que percibes cuando ves una películas, hablas con alguien o lees algo que te interesa. Esto culmina en una amalgama de información que confluye en tu cerebro y monta una «fieshta» que tú y solo tú eres capaz de sintetizar gracias al superpoder de almacenar este compendio de información y organizarla para:

  1. Captar los pequeños detalles que te cuenta el cliente en el briefing.
  2. Escucharte a ti mismo comentando el proyecto para averiguar los diferentes caminos y soluciones que tienes frente a ti.
  3. Apreciar las ideas y opiniones de tus compañeros, ya que una mínima palabra os puede dar la clave que descorche la botella.
  4. Estar atento/a al ‘run run’ que puede provocar que la idea se descubra en cualquiera de esas conversaciones.

Aquí es cuando la mitad de las personas que estáis leyendo esto diréis «esta señora está tarada». Para dedicarse a esto hay que ser lo suficiente funcional para ser capaz de llegar a la disfuncionalidad sin morir en el intento, así que no es estar tarado es saber abstraerse en diferentes niveles. 

El poder de la libreta

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Imaginemos que ya has tenido esa reunión, te has nutrido de conversaciones con tus compañeros y te has sumergido en alguno de tus hobbies. En mi caso, todas estas acciones están acompañadas de una libreta (como los investigadores y periodistas de las películas) en la que voy volcando todo lo importante, tanto en formato escrito como en boceto con el fin de crear un mapa de ideas. Es un proceso cuyo fin es reunir las piezas del puzzle y una vez que ya las tenemos nos dispondremos a comenzar de nuevo para, ahora sí, seguir un proceso ordenado y bien organizado.

Primero miramos el mapa de ideas en el que habremos contestado una serie de preguntas en busca de un concepto potente. Si nos falta algo de información o no vemos claro el camino por falta de respuestas, la clave es rellenar estos huecos rumiando la información en la cabeza.

Parece un procedimiento muy básico, pero si sumas todo lo anterior con esto tienes un camino muy sólido para que la mano empiece a trabajar. Una vez que ya tengas complejo de cabra de tanto rumiar, puedes coger el lápiz (o la herramienta con la que trabajes)y ¡a dibujar!

Si sabes lo que quieres contar y sabes a quién quieres contárselo, nosotros sabemos cómo hacerlo.

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