Método SMART, algo más que aplicar la inteligencia

Seguramente te hayas cruzado ya con el conocido método SMART para la gestión de proyectos o equipos de trabajo. Forma parte de nuestro día a día y muchas personas hacen referencia a él cuando hablan de cumplir objetivos, sean en el mundo del marketing, los negocios o la vida misma. El día que lo descubrimos empezamos a aplicarlo en nuestra agencia de publicidad y no podemos estar más contentos. Os lo quiero explicar desde mi punto de vista, con el que otros podrán estar de acuerdo o no, sin otra pretensión que ofrecer una introducción al asunto.

Como tantos otros métodos, filosofías o ejercicios, SMART es un acrónimo que se sirve de las letras que componen la palabra «inteligente» en inglés para esquematizar una forma de alcanzar objetivos y hacerla más mnemotécnica. Es aplicable como heramienta para cualquier empresa, sin importar la industria

Definir los objetivos empresariales es un proceso complejo, pero no definirlos es como navegar sin brújula, sin la cual es sumamente difícil conocer dónde nos encontramos y en qué dirección está nuestro destino. Perder el rumbo provoca un agotamiento constante que se une a un estrés ocasionado por la continua sensación de inseguridad y la incertidumbre que reina en el mundo de los negocios y las empresas. Si este hastío persiste, el devenir de la empresa se torna errático. A esto se suman otros factores como los costes, los clientes y la gestión, entre otros tantos que desembocan en un aborrecimiento absoluto de lo que en su momento fue pasión por un apasionante proyecto. Es entonces cuando suenan esas terribles palabras en tu cabeza -«¡Iceberg a proa!»- y hay que pensar en abandonar el barco.

Si has llegado a ese punto, no te preocupes; no todo es malo. Tan sólo queremos señalar el peor de los escenarios posibles para tratar de no llegar a tan fatídico puerto. Es más, con suerte y dedicación, igual ni si quiera llegas a divisar el iceberg a lo lejos.

Con el método «SMART» tendremos la brújula bien calibrada:

  • S de Específico (specific): Tus objetivos deben ser concretos y debes conocerlos bien. No es la primera letra por ciencia infusa; es el punto de partida y en el que tenemos que pensar con detenimiento lo que queremos conseguir a través de las cuestiones “qué, cuándo, cómo, dónde, con qué, quién”.
  • M de Medible (measurable):  Los objetivos que definas deben ser cuantificables, es decir, medibles. De este modo el día que llegues a su consecución serás consciente de ello. Es necesario reflejar cantidades en su definición ya sea a través de porcentajes o de números cerrados. De nada sirve tener objetivos abstractos ya que a la hora de elaborar un plan de acción deberás conocer una meta concreta. Algunos ejemplos de objetivos medibles serían algunos de los siguientes: Facturar 600.000 euros, alcanzar una plantilla de 15 personas, aumentar la facturación del año pasado en un 20%…
  • A de Alcanzable (attainable): Al hilo del apartado anterior, los objetivos marcados deben ser realistas. No podemos anotar lo que queremos conseguir operando sin cabeza. Evidentemente el sueño de todo nuevo emprendedor es inventar la Coca-Cola o fundar el nuevo Amazon, pero hasta Superman aprendió a caminar antes de recorrer los cielos de Metrópolis. Establecer objetivos poco realistas puede derivar en la desmotivación que describíamos al principio de esta entrada, llevándonos a su vez al panorama que pretendemos evitar a toda costa. La constancia, el trabajo bien hecho y, por qué no decirlo, una pizca de suerte, son el mejor aderezo para la actividad que pretendemos llevar a cabo, logrando así los objetivos que nos hemos marcado.
  • R de Realista (realistic): al igual que en el punto anterior te indicábamos que no sueñes con lo inalcanzable, en este apartado te animamos a que tampoco te quedes corto en tus objetivos. La confianza es un arma de doble filo; si tus objetivos son poco ambiciosos y de fácil cumplimiento, corres el riesgo de relajarte en exceso y la falta de estimulación también puede llamar a la temida desmotivación. Busca algo que te motive y proponte alcanzarlo; es mucho más estimulante levantarte por las mañanas para luchar por el sueño de tu vida que por pagar las facturas por los pelos. 
  • T de Tiempo (timely): igual que los objetivos deben ser específicos, medibles, realistas y ambiciosos, debemos trazar un timing que recoja un inicio y un dead line. ¿De qué manera si no sabremos si hemos logrado los objetivos a tiempo y el logro de éstos ha sido rentable? El tempo es esencial a la hora de cumplir tus objetivos, si tenemos una fecha de finalización nos esforzaremos en llegar a tiempo a nuestra meta o si vemos que no llegamos, apretaremos un poco más el acelerador. 

Con una buena gestión de objetivos, el miedo a los icebergs no será más que una película de terror alojada en nuestro imaginario de ficción

En definitiva, este método nos ayuda a darle sentido al camino que vamos a recorrer, a establecer unos tiempos, una velocidad y a no perder de vista nuestras metas. Imprimir tu lista de objetivos y tenerla siempre en un sitio visible es muy positivo. ¡Ojo! Un matiz importante es saber que estos objetivos no son algo absolutamente inamovible; en todo momento puedes cambiar o modificar tu lista SMART bien porque se queden cortos, porque no tengan sentido en la evolución a la que se somete tu negocio o bien porque compruebes que hay que darle una vuelta a algunos de ellos. Uno de los objetivos que marqué al crear Squembri era «trabajar con un equipo de profesionales compuesto por un máximo de 4 personas”, y el día que llegamos a ser 12 profesionales lo tuve que borrar. De hecho, hemos seguido ampliando equipo y en el momento de escribir este post ya somos 15.

Plantear objetivos en general nos va a ayudar a ser “proactivos” en vez de “reactivos”. Hay muchas personas que basan sus decisiones en reacciones, no piensan más allá del momento en el que toman la decisión y no son conscientes de que una mala decisión les aleja de sus objetivos. Lo único que provoca dejarse llevar por la intuición, las prisas o la desesperación es alejarnos de nuestras metas.

Qué fácil sería que uno de nuestros principales objetivos fuera tener una estrategia marcada donde pudiéramos, de un plumazo, tomar decisiones importantes como «este cliente no me interesa», «este proyecto no quiero llevarlo a cabo», «este servicio no debo ofrecerlo» o «esta persona no la quiero en mi equipo». Con una buena gestión de objetivos, el miedo a los icebergs no será más que una película de terror alojada en nuestro imaginario de ficción.

Resumiendo:

  • No plantearse objetivos es uno de los errores más comunes al emprender.
  • Plantearse objetivos focaliza nuestra energía y nos da sensación de bienestar.
  • ¡Poner los objetivos por escrito es muy divertido y es útil!
  • Los objetivos diarios que te plantees tienen un efecto muy beneficioso sobre el carácter (GTD, Getting things done).
  • Hay que ver y revisar los objetivos a menudo.
  • Deben ser objetivos SMART.
  • Los objetivos funcionan generalmente mejor si se refieren a un periodo relativamente amplio. Esto te permite tomártelo más relajadamente.
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